Llega un momento en la vida del diseñador donde te planteas la siguiente pregunta, ¿tanto sacrificio y estudio para esto?, observando con desanimo aquel diseño que tuviste que hacer en 1 hora presionado por tu cliente. Pensando también, que estarás muerto antes de agregarlo a tu portafolio.
Es lo que yo llamo el Antipático Diseño Express, situación que conlleva la más alta ira como profesional. Alguna vez, en la práctica, un cliente pidió caballos en su tarjeta de presentación. SI! CABALLOS!, pero eso no fue lo peor, cuando se lo comenté al jefe de imprenta, me respondió: “Simple! Baja una foto de internet”.
La confusión sobre este tema es tan complejo, ¿dónde queda todo lo que te enseñaron a lo largo de la carrera? Si cuando nos enfrentamos a la vida laboral, nos exigen rapidez y no calidad.
Tengo claro que la mentalidad de los clientes es la errónea y es esencial persuadirlos a través de un lenguaje que puedan comprender y así complementarse para llevar a cabo un trabajo de calidad aceptable para ambos. Muchas veces he rechazado encargos de este estilo, y si bien, no es el momento adecuado para ello, a mi parecer es necesario. A la vez explicas que tu trabajo es igual a calidad y no necesariamente rapidez, en disyuntivas como estas, ganarás prestigio y solidez a través del tiempo si optas por la primera opción.
Con los años, iremos ganando la experiencia y el respeto de nuestros clientes, haciendo habitual este tipo de situaciones; es mejor ahorrarse el dolor de cabeza con un cliente terco y más encima con mal gusto, que ganar sólo una vez, una cantidad mínima de dinero con un diseño que jamás podrás presumir siquiera que fue tuyo.
Que frustrante no?, pero bien, es algo con lo que tenemos que lidiar y ver el lado positivo a la situación, participando de lo que nos apasiona, el diseño, vamos aprendiendo de él y siempre encontrandonos con obstáculos en nuestro camino, lo importante es aprender de los errores y ganar enseñanzas que nos permitirán desempeñarnos de acuerdo a nuestros principios.